La pelea por el Cable

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Una nueva pelea se abrió por estos días entre el Alcalde Enrique Peñalosa y el exalcalde Gustavo Petro. Esta vez por el Metrocable de Ciudad Bolívar. O el Transmicable como lo rebautizó la actual administración. Ambos han salido a cobrar la obra que se encuentra en un avanzado estado de construcción y que prontamente será una solución novedosa y ambientalmente limpia de transporte público para los cuidadanos de esta emblemática localidad del sur de Bogotá.

Mientras Peñalosa publicitariamente reclama esta obra como suya, Petro le recuerda que su contratación e inicio fue en su administración con la oposición del actual Alcalde.

Es una pelea innecesaria y estéril cargada de información distorsionada. Porque la historia de los cables aéreos, en honor a la verdad, va más allá de Peñalosa y Petro. Desde el año 2000 el Distrito adelantó una serie de estudios técnicos donde se analizaron posibles alternativas de transporte por cable o rieles en la localidad de Ciudad Bolívar.

Posteriormente, en el año 2007 en la administración Garzón se realizó una evaluación del sistema de transporte masivo y en el estudio denominado “Una mirada a Fase I y Fase II” se identificaron los sectores de la ciudad que no tenían cobertura del sistema de Transmilienio. El estudio concluyó que era factible adelantar un sistema de transporte público de pasajeros por Cable en localidades como: Ciudad Bolívar, Usme, Rafael Uribe, San Cristóbal y Usaquen.

Transcurría el 2009 cuando se realizaron estudios para “caracterizar un sistema de transporte público por cable aéreo en la ciudad, atendiendo las necesidades de movilización de personas que viven en sectores periféricos, que no cuentan con condiciones de accesibilidad viables y poca continuidad de las redes de transporte disponibles”.

Este último estudio de pre-factibilidad adelantado por la Empresa de Transporte Masivo del Valle de Aburrá priorizó las líneas de cable para las localidades de Ciudad Bolívar y San Cristóbal, esto por contar con atributos territoriales que favorecen estos modos de transporte (pendientes predominantes del terreno), así como la demanda potencial de pasajeros, las condiciones complejas de accesibilidad, la localización de las viviendas de estratos socioeconómicos bajos y la ubicación estratégic para la integración con el Sistema Integrado de Transporte Público.

Fue por esta razón y por estos antecedentes que el entonces Alcalde Gustavo Petro incorporó el proyecto Cable Aéreo como eje estructurante del Proyecto Urbano Integral que propiciaría, en Ciudad Bolívar y San Cristóbal, “acciones de renovación, consolidación y desarrollo territorial”.

Al exalcalde Petro hay que reconocerle también, la expedición del Decreto 598 del 2013, por el cual se anuncia la puesta en marcha de los Proyectos Cable Aéreo Portal Tunal – Paraíso en Ciudad Bolívar y Portal 20 de julio -Altamira de San Cristóbal. Como también, hay que reconocerle la celebración del contrato IDU -1630 – 2015 por un valor cercano a los 210 mil millones de pesos con una fecha de entrega de mayo de 2019.

Mientras que a Peñalosa es justo reconocerle su cambio de opinión sobre este modo de transporte y haber iniciado su construcción el 12 de septiembre del 2016, con un ritmo de ejecución que garantiza su entrega prontamente.

Infortunadamente, el Metrocable de San Cristóbal, no corrió con la misma suerte. A pesar de que la misma Empresa que adelantó los estudios y obras del proyecto de Ciudad Bolívar, lo hizo para el de San Cristóbal, y de que el Concejo apropió los recursos para su financiamiento en el Cupo de endeudamiento autorizado mediante el Acuerdo 527 del 2013, las obras no se contrataron en la administración Petro.

Y el alcalde Peñalosa se negó a incorporarlo en su Plan de Desarrollo “Bogotá Mejor para Todos”, por considerarlo demasiado costoso. Aquí también, las responsabilidades son compartidas por ambos mandatarios, en la privación de este modo de transporte para esta localidad.

Peñalosa debería evitar este debate reconociendo los antecedentes de la obra y reivindicando la aplicación del principio de “construir sobre lo construido”. Petro debería, sin pugnacidad, aplaudirle a su sucesor haberse convencido de que el único modelo de transporte público para el mundo urbano no son solo los buses rojos de Transmilenio. Y asistir ambos cogidos de la mano a la inauguración de la obra.

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