Referéndum discriminatorio

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Como si el 2016 no tuviera suficientes malas noticias para la democracia. La Comisión Primera del Senado aprobó en días pasados por 10 votos a favor y dos en contra el referéndum discriminatorio de la cristiana Senadora “liberal” Viviane Morales y de su esposo el exM19 Carlos Alonso Lucio. Además de la victoria del Brexit en la Gran Bretaña, de Donald Trump como Presidente del los Estados Unidos y el No en el plebiscito por La Paz, se nos viene esta decisión que si se confirma en la Cámara de Representantes, convocará a las mayorías a que en las urnas aplasten los derechos de los niños que esperan una adopción y de las parejas y familias que no quepan en los cánones divinos de las uniones heterosexuales que quieran criar un niño.

Este proyecto de referendum está respaldado por 2.2 millones de firmas. Su recolección fue liderada por la familia Morales-Lucio, un cúmulo de iglesias cristianas y algunos sectores fundamentalistas católicos. Curioso, por decir lo menos, que esta iniciativa contraria a los derechos individuales, sea liderada vehementemente por una senadora que milite en un partido que como el liberal está llamado a su promoción y defensa. Que además la Senadora Morales sea beneficiaria directa del respeto a la libertad de cultos y a la protección de los derechos de minorías religiosas como las que ella representa, contempladas en la Constitución de 1991. O que uno de sus voceros sea su esposo quien fuera dirigente de la organización guerrillera que en su momento subvirtió los valores más conservadores de las izquierda colombiana y que como pocas defendía a muerte las libertades individuales y la democracia.

Este proyecto entraña una trampa inmensa. Acude a un mecanismo de la democracia directa como el referéndum para imponer al resto de la sociedad anti democráticamente un modelo de familia que se deriva de unas particulares convicciones religiosas. Y como para ocultar el carácter persecutorio contra las parejas del mismo sexo de este referéndum, sus autores decidieron aumentar el alcance de la discriminación a familias conformadas por hombres y mujeres solteros o cabezas de familia, viudos y viudas. Es evidentemente tramposo acudir a las urnas para imponer semejante discriminación, pues precisamente la protección de los derechos de las minorías, por ser minorías, implica que no se sometan a unas mayorías electorales.

Pero esta iniciativa, como todo fundamentalismo, pretende someter la realidad a unos fundamentos, en este caso, religiosos. Porque sociológicamente hablando la familia en el mundo de hoy es una realidad plural y diversa. La reciente Encuesta Nacional de Demografía y Salud revela que el 36% de los hogares colombianos son de jefatura femenina y que los hogares unipersonales llegan al 11% . Y pretenden hacernos creer, con interpretaciones torcidas, que buscan reglamentar el artículo 42 de la Constitución Nacional. Se limitan a desarrollar la parte de este artículo que define que la “familia es el núcleo fundamental de la sociedad. Se construye por vínculos naturales o jurídicos, por la decisión de un hombre y una mujer de contraer matrimonio..” Interpretación oscurantista que minimiza lo que dice a renglón seguido el artículo 42 esto es, “o por la voluntad responsable de conformarla”, pues esa “voluntad responsable” la ejercen los ciudadanos desde sus opciones y preferencias sexuales.

La otra gran mentira de pretender prohibir la adopción en familias distintas a la heterosexual por una voluntad mayoritaria en las urnas, es que se hace en protección de los niños. Ignora el drama, por ejemplo, de los niños mayores de ocho años que han sido abandonados y que padecen cancer, síndrome de Down o enfermedades renales, sida o tienen más de dos hermanos condenados a una situación de orfandad por las rigideces de nuestra legislación. Rigideces que se convertirían en un inmenso muro legal. Estos niños que hoy suman más de cinco mil a la espera del afecto de una familia, no podrán acceder a ello sino aparece la familia divina que nos proponen Morales y Lucio. La misma familia divina y heterosexual que también producen monstruos como el violador y asesino de la pequeña Yuliana Samboní.

Esperemos que la Cámara de Representantes no termine por aprobar este adefesio discriminatorio de la Senadora Morales y de su esposo. Que no de el mal ejemplo para que mañana a alguien igualmente excluyente y discriminatorio no se le ocurra proponer un referéndum para que las mayorías católicas le nieguen los derechos a las iglesias que congregan a las minorías cristianas no católicas. Sería otra mala noticia para la democracia.

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