El mal clima de Peñalosa

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Preocupación. Es lo que debería generar en el Gobierno Distrital la reciente encuesta de percepción ciudadana de Bogotá Como Vamos. Las cifras son alarmantes si las comparamos con el gobierno anterior, contra el que se ha desatado una suerte de “izquierdofobia” por parte de miembros y defensores furibundos de la administración.

A excepción del nivel de satisfacción de la educación de niños y jóvenes entre 15 y 17 años que pasó del 73% al 77% y la insatisfacción bajó del 63% al 57% entre el 2015 y el 2016 o la percepción de inseguridad que en el mismo periodo bajó del 59% al 45%, en el resto de indicadores, los ciudadano rajan a la Administración en su primer año.

Hacia el propio Alcalde la desaprobación comporta cifras sin antecedentes recientes, salvo el último año de Samuel Moreno, cuando fue destituido y que según la misma encuesta, llegó al 89%. Ahora el Alcalde Peñalosa tiene una desaprobación del 78% frente al 68% con el que terminó su gobierno.

Dirán que no hay porque alarmarse. En contraste con la implacable lluvia de opiniones y críticas a las anteriores administraciones cada vez que esta misma encuesta las calificaba mal, ahora esos mismos críticos hacen mutis por el foro. Dirán que este es solo el primer año de gobierno. Que el primer año se gasta en prepararse para gobernar en el resto del periodo.

Que el tiempo se va en la aprobación del Plan de Desarrollo, la armonización presupuestal, las vigencias futuras y el primer presupuesto anual. Y hasta argumentarán que la ciudad estaba tan descuadernada que todos los esfuerzos gubernativos se emplearon en poner la casa en orden.

Pero las mismas o peores circunstancias han enfrentado las anteriores administraciones. En su primer año, el mismo en el que arrastran los climas de opinión de sus anteriores gobiernos, se preparan para gobernar en el resto del periodo, tramitan su Plan de Desarrollo y sus instrumentos financieros y presupuestales.

Las cifras demuestran que en el último tiempo los Alcaldes han salido mejor librados. El segundo Mockus, por ejemplo, terminó su primer año con un 58% desfavorable y un 48% favorable. Lucho Garzón fue el que terminó mejor en su primer año con un 70% favorable, mientras Samuel Moreno alcanzó para el mismo periodo un 68%.

Si aceptáramos el argumento de que este primer año se lo ha gastado Peñalosa en “poner la casa en orden”, Petro como ningún otro, recibió una ciudad devastada por el impacto del Cartel de la Contratación y sin embargo en esta misma medición tuvo un 41% de aprobación contra un 59% de desaprobación en el 2012 correspondiente a su primer año de mandato.

Como hecho inédito, Hasta consigo mismo pierde Peñalosa en materia de aprobación. En 1998, el primer año de su primer periodo tuvo una desaprobación del 61% contra una aprobación del 36%.

El Alcalde Peñalosa y su equipo de gobierno deben prender las alarmas. Podrán decir que no se gobierna para las encuestas, pero deben tener presente que no se gobierna contra ellas. Que la percepción ciudadana es un recurso de gobernabilidad que hay que cuidar y proteger. Que ella revela un ambiente, un clima favorable o adverso para convertir en acción territorial la idea de Estado y Sociedad al mando del gobierno.

No es conveniente, en una ciudad que viene de la polarización e interinidad por cuenta de la destitución de dos Alcaldes en serie, una justa y otra injusta, que se le de aire a una aventura de revocatoria de mandato a Enrique Peñalosa. Que gobierne y que gobierne bien, con estricto control político y rigurosa vigilancia social y ciudadana.

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