La salud de Bogotá en mal estado

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En lo corrido del año van 12 niños muertos por desnutrición.

Las cifras son inobjetables. Provienen de fuentes oficiales. De la propia Secretaría de Salud y del Instituto Nacional de Salud. En lo corrido de este año y bajo la responsabilidad del Secretario de Salud Luis Gonzalo Morales, en el marco de la implementación de una denominada reforma a la salud aprobada en el Concejo capitalino presentada por iniciativa de la Administración de Enrique Peñalosa, los indicadores de salud de los bogotanos vienen en un franco deterioro.

Las promesas de Luis Morales en el trámite del Acuerdo 641 2016 aún están por cumplirse. Peor aún, todo indica que están produciendo el efecto contrario. Comparando la sumatoria de las peticiones, quejas y reclamos -PQRs- entre los años 2015 y 2016 en el periodo enero/septiembre se encuentra un incremento en 5 de los 11 indicadores. Por el no suministro de medicamentos se presenta un aumento del 51%, las dificultades para acceder a los servicios de salud aumentaron en un 89% y en un 3.5% la no prestación oportuna de los servicios. Ello producen más barreras tecnológicas, administrativas y geográficas para el acceso de los ciudadanos al sistema de salud de la ciudad.

La otra gran equivocación de Morales y su equipo que agravan los indicadores de salud ha sido el desmantelamiento de la estrategia Territorios Saludables, referente positivo en materia de promoción y prevención en salud para el país y América del Sur, cuyo éxito es reconocido por las Naciones Unidas y la Organización Mundial de la Salud. Esta estrategia incluía además vigilancia epidemiológica, salud ambiental y salud laboral desde un enfoque de salud comunitaria. 83 microterritorios en poblaciones de estratos 0,1,2 y 3 en las 20 localidades atendidos por 1005 equipos territoriales de salud. Una verdadera masacres laboral, con el despido de cerca de 10 mil contratistas entre médicos, enfermeras y psicólogas, se adelantó con el prurito ideológico de Morales de que “Territorios saludables era una estrategia Castrochavista”.

Además del aumento de la congestión en los servicios de urgencias y de consulta externa en la red pública hospitalaria, con esta decisión se priva a la ciudad de una estrategia para la detección temprana y la prevención de enfermedades, la educación y el fomento de una cultura de salud preventiva en las comunidades y la reducción de brechas de inequidad social y territorial.

Para quienes piensan que los niños mueren de hambre solo en la alta Guajira o en el Chocó, hay que decirles que esa vergonzosa realidad también ocurre en Bogotá. Según la herramienta SIVIGILA del Instituto Nacional de Salud en lo corrido del año se registran 12 niños muertos por desnutrición. Mientras que la mortalidad por EDA (Enfermedad Diarreica Aguda) de niños entre 0 y 4 años pasó de 2 a 6 casos, la mortalidad por IRA (infección respiratoria aguda) aumentó en 10 casos, llegando a 123 niños muertos y la morbilidad materna extrema llegó a la fecha a 5.656 casos, con un aumento del 33% respecto al 2015.

Una revisión al tiempo para el otorgamiento de citas de consulta externa en los hospitales de El Tunal, Suba, Bosa, Centro Oriente y Kenedy, cuya reducción fue otra de las promesas de la reforma de Morales, indican un aumento inocultable en todos los servicios. A ello se agregan los cotidianos episodios de faltantes de medicamentos e insumos hospitalarios como resultado de una regresiva centralización en la provisión de estos y de posibles presiones indebidas sobre las firmas contratadas para ello por parte de altos funcionarios del nivel central de la Secretaría de Salud.

Y siguen más promesas incumplidas del Secretario de Salud Luis Morales. A agosto del presente año persiste un déficit de 276 camas para hospitalización, cuya reducción fue prometida en su posesión. En cuanto al desempeño financiero de la red pública hospitalaria el déficit a la operacional a la fecha supera los 82 mil millones de pesos, con un incremento del 369% respecto al déficit del año anterior, que llegó a un poco más de 22 mil millones de pesos. Mientras que el déficit de la EPS distrital Capital Salud pasó de 500 mil a 800 mil millones de pesos.

Como lo han dicho los críticos al Acuerdo 641 de 2016 pomposamente llamada “reforma a la salud de Bogotá”, está fue una mera reforma administrativa que centralizó toda la contratación del sector de la salud pública sin blindarla frente a la amenaza de la corrupción, que a cambio de resolver los problemas de gestión los agravó y que viene desmontando los avances derivados de un enfoque de derechos para sustituirla por una entronización de la lógica del mercado en la atención a un derecho fundamental. Mejor dicho, en materia de salud en Bogotá, el remedio está resultando peor que la enfermedad.

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